De certificación, trazabilidad, salas de extracción y otras yerbas.
Son los temas del momento. Creo que no debe haber reunión de apicultores en los que estos temas no caigan sobre la mesa y en la mayoría de los casos generando resistencia de parte de los productores.
1 En la mayoría de los casos desconocemos de que trata un sistema de certificación de la calidad de los procesos de un sistema productivo cualquiera sea este. Un sistema de certificación de la calidad no garantiza en ningún caso que el resultado o el producto final sea necesariamente bueno o del agrado del consumidor.
¿De que sirve entonces? Es la intervención de un tercero, la empresa certificadora, ajeno a la relación entre las partes, vendedor comprador, que avala que el vendedor realiza sus procesos siempre de una determinada forma, procurando de esta forma cierta uniformidad en el producto final. Si el producto es malo, será malo siempre y con los mismos defectos. No es esto un invento de las certificadoras, es una exigencia de los compradores, de nuestros clientes, que buscan un determinado producto porque la relación precio calidad los satisface y es de nuestro interés lograr que encuentren lo que buscan. Desde el ford T en adelante las empresas han perdido la capacidad de hacer que los consumidores compren lo que las empresas tenían para vender, ahora debemos ofrecer lo que los consumidores quieren comprar o simplemente quedarnos fuera del mercado.
2 La trazabilidad es un sistema de registros de origen y destino de un producto desde el sector primario hasta el vendedor minorista. Tampoco es un invento del Sr. Ministro José Mujica. No es porque las vacas queden más bonitas de caravanas. Si una señora que compra un kilogramo de miel en un supermercado en París encuentra una inconformidad en el producto, debe ser posible rastrear el origen del mismo y todas las transformaciones que el mismo sufrió desde el productor primario hasta que apareció en la góndola. Si todos los proceso están certificados será posible, mediante los registros, poder investigar en qué transformación y de quién es la responsabilidad de la inconformidad y si la misma se debe a un accidente o a métodos erróneos. ¿Por qué nos sirve? Porque si hubiera un problema de residuos químicos, cumafos por ejemplo, no necesariamente los importadores dejarán de comprar toda miel uruguaya, sino que se podrá individualizar a qué productor se le compró la miel con estos residuos, no afectando, necesariamente, al conjunto de los productores uruguayos. Me conviene que todos los compañeros productores estén adheridos a un sistema de trazabilidad, pero para poder pedirle esto a los colegas tengo que empezar por aplicarlo yo mismo.
3 En cuanto a las nueva reglamentación sobre salas de extracción de miel, su registro y la obligación que se nos impone de extraer nuestro producto en los lugares habilitados, me resulta tan de Perogrullo que las quejas al respecto no logra más que extraerme una leve sonrisa. Han pasado los tiempos en que podíamos hacer las cosas a la criolla. Nosotros mismos, cuando somos clientes o consumidores de otros productos, no hacemos más que plantear las mismas exigencias. Hace tiempo que no compramos la leche al señor que la repartía, hasta los principios de los setenta, en un carrito tirado por un caballo ordeñando quién sabe en que condiciones y dando lugar a cuentos como la leche con renacuajos. Ahora exigimos la leche en sachet, pasteurizada y con ciertas garantías de higiene en los procesos. La miel es un producto que del productor primario al consumidor no sufre más alteraciones que el envasado o el corte con otras de distinto origen, colores u orígenes florales. Es elemental que cualquier contaminación con residuos químicos o físicos es inadmisible y que debe ser evitada a toda costa.
Estos tres temas han levantado tanta resistencia entre los productores como injustificadas son las mismas. Tenemos que entender que no son caprichos del gobierno de turno, son exigencias del consumidor, de nuestro cliente, del que nos paga por lo que hacemos. Sin clientes no existe mercado. Las opciones son satisfacer las demandas de los consumidores o salirnos del sistema. El objetivo de cualquier empresa es satisfacer a sus clientes para lograr su permanencia en el mercado.
No se trata de lograr un precio diferenciado por cumplir con estos puntos, es simplemente, si queremos o no, vender nuestra miel.
¿Suben con esto los costos de producción? De ninguna manera, no se pueden interpretar como costos las inversiones mínimas que nos permiten realizar esta, o cualquier otra, actividad productiva. Así cómo no es para nadie un costo el tiempo que le insume aumentar su número de colmenas realizando núcleos o comprándolos, sin abejas no hay miel. Sin compradores no hay apicultura.
Arq. Luis A. Flores Tais
domingo, 3 de diciembre de 2006
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